Indonesia

by - febrero 20, 2018

Un archipiélago de diecisiete mil islas es inabarcable por muy pronto que se empiece y muy tarde que se acabe. Indonesia tiene alguna más de diecisiete mil, así que es algo más que inabarcable. Pero no es nuestra intención abrumar con la variedad general de esta locura de sitio que solo podemos comparar con el placer absoluto.


En nuestro primer viaje a Indonesia, decidimos –habíamos leído en algún blog de referencia que podía ser un país difícil por el transporte y porque los indonesios se podían poner, digamos, intensos con los visitantes– quedarnos cortos. Veintitrés noches en Indonesia pueden parecer muchas (dividiríamos los meses de julio y agosto de 2017 entre Indonesia, Malasia y Tailandia), pero, parafraseando a un mediano que a veces se hacía invisible, no son ni la mitad de las noches que hubiéramos deseado asignarle, y esa cantidad de noches no es ni la mitad de la mitad que hubiéramos necesitado para obtener la mitad de una perspectiva medio general. Y si, como dicen, la India es más grande que el mundo, Indonesia es mayor que algún que otro continente.

Recorrido

La siguiente serie de mapas (los hemos dispuesto en un slider para que te sea más cómodo seguirlos) puede dar una idea de lo que hicimos entre el día 3 y el 26 de julio de 2017. Después, te mostramos, como siempre, lo básico para empezar; y pasamos a pormenorizar (si, durante el desarrollo, dejamos un enlace, es que tenemos ya una entrada completa del lugar en cuestión) cada paso del viaje.



Lo básico

Fechas: del 3 al 26 de julio de 2017.
Recorrido: de Bali a Java y de Java a Borneo.
Islas visitadas: Bali (y Nusa Penida), Java y Borneo.
Llegada: vuelo de Airasia Kuala Lumpur-Bali, 49 € por persona.
Actividades: templos, playa, snorkel, senderismo, volcanes, gastronomía, fauna, entre tantas, tantas cosas.
Comida: entre muchas, muchísimas cosas, nasi goreng (arroz frito), mie goreng (fideos fritos), bakso (sopa), lumpia (rollitos), satay (pinchitos), babi guling (cochinillo balinés), gudeg (una especie de cocido sobre arroz a base de guanábano, patas de pollo, huevo cocido, carne y leche de coco),  muchísimo té helado y zumos de frutas que ni conocíamos.
Salida: Vuelo de Airasia Pontianak-Kuala Lumpur, 41,25 €.

Lo mejor: La lista de lo mejor de Indonesia puede ser más que interminable. Aparte de menudencias como los volcanes activos, los orangutanes en su hábitat, los barrancos de locura, los bailes, un carnaval con algo muy parecido a drag queens en un país de mayoría musulmana, los preciosos templos y la comida; para nosotros, lo mejor de Indonesia es la gente. Un ejemplo que se nos viene a la cabeza: que un grupo de chicas de poco más de veinte años con sus críos y tocadas con velo te pare por la calle para charlar y solo por curiosidad es una buena forma de acabar con unos cuantos prejuicios.

Lo peor: Algunas ciudades, como Pangkalan Bun (gente amable, ciudad despiadada), están demasiado orientadas a servir de dormitorio a cierto tipo de turistas (lo que da lugar a precios abusivos en el transporte y alojamiento deficiente y carísimo) para tener algo que ofrecer.


Bali

Empezamos nuestro periplo en Bali, en el enclave de Sanur, donde descansamos, nos aclimatamos e hicimos nuestra primera gran compra: una tarjeta SIM indonesia Telkomsel (70000 IDR, es decir, 4,16 € de curso legal).


Luego cruzamos en barco rápido a Nusa Penida, una máquina del tiempo, o un reflejo de lo que pudo ser Bali antes de que se inundara de turistas.


Tras unos días de playa, paseos imposibles en moto y nuestro primer contacto con el snorkel, volvimos a Bali para visitar Ubud, capital cultural y alma de la isla de los diez mil templos.


La estancia en Ubud, un poco deslucida por la lluvia, fue, sin embargo, interesante.


Pudimos probar la comida local, vimos algunos de los templos y museos (el ARMA es una maravilla) e incluso visitamos el bosque de los monos.


Y vimos (en el ARMA que, por cierto, es una maravilla) una muestra significativa de danza balinesa.


Ubud dejaba paso a Kuta, sus pompas y sus obras. Mala fama para una playa que rindió por encima de las expectativas; y para una población que fue agradabilérrima.


 Oh, y un buen sitio para cenar y prepararnos para cambiar de isla.


Java

De Kuta volamos a Surabaya (Java Oriental), desde donde emprendimos la marcha hacia el Bromo, un volcán y un Parque Nacional del que habíamos leído todo tipo de historias de picaresca y tours organizados (lo primero nos parece comprensible y hasta un juego divertido de jugar; lo segundo es el séptimo círculo del infierno).


La aventura, sin embargo, no pudo salir mejor y bajamos, un par de días después y más que satisfechos, a Probolinggo, donde nos empezamos a acondicionar a Java y tomamos un tren hacia el este.


Ya en Solo (Java Central), tuvimos la oportunidad de conocer el verdadero trasiego de esta isla tan poblada como diversa. Fue uno de los sitios que más nos gustó de nuestro viaje.


Es un poco difícil de describir, pero allá vamos: gente amabilísima, calles encantadoras, comida callejera deliciosa (oh bakso) y una forma de comprar en el centro comercial un poco complicada pero que engancha, y mucho.


Además, esta ciudad nos sorprendió con su Carnaval del Batik y el wayang orang, danza javanesa que representa episodios del Ramayana y el Mahabharata. (Un momento, ¿no son musulmanes? Eso parece, claro que sí.)


Tren hasta Yogyakarta, donde, entre otras cosas, disfrutamos del Palacio del sultán, de la calle Malioboro y de su comercio infinito, de los buscavidas que nos llevaron un poco al huerto (en realidad nos dejamos llevar). Y de la comida y de la gente. Y del wayang kulit, el teatro de marionetas javanés que nos muestra, de un lado, las entretelas; de otro, solo las sombras.


Uno de los días de nuestra estancia en Yogyakarta lo dedicamos al templo de Borobudur, nada menos el mayor monumento budista del mundo.


Y otro, al conjunto de templos hindúes de Prambanan, muy cerca de la ciudad.


De Yogyakarta viajamos en autobús a Semarang, ciudad desde donde salía nuestro avión hasta el siguiente destino.


Se trata de un lugar peculiar, o al menos lo es la calle de la estación de trenes, donde nos hospedamos. Pronto la describiremos como se merece.

Borneo

Orang utan, en indonesio, significa "persona del bosque". Viajamos a Pangkalan Bun con la intención de echar un vistazo al Parque Nacional de Tanjung Puting y conocer de cerca al orangután de Borneo. Nosotros escogimos el proyecto del carismático y duro de pelar Jenie Subaru porque nos dio el mejor precio y cierta guía de viajes no podía recomendarlo más.


La visita suele consistir en un paseo fluvial en barco que dura tres días (dos noches), en una embarcación llamada klotok (se duerme en cubierta).


Durante el recorrido, llegamos a conocer a Carlos, el legendario macho alfa de la tercera estación de alimentación.


E incluso a la doctora Biruté Galdikas, que tiene una relación digamos controvertida con la población local.


Después del recorrido en barco por las estaciones de alimentación de los orangutanes, recalamos en la poco recomendable (si puedes ir directamente al aeropuerto, mejor que mejor, o eso nos cuenta nuestra experiencia) Pangkalan Bun.


Y, finalmente, hicimos una escala de una noche en Pontianak, la ciudad "de paso" que más nos ha sorprendido, así, en general, y a la que dedicamos la primera entrada de nuestra web.


¿Aún estás pensándotelo? Viajar a Indonesia –preparando con cuidado cada paso y teniendo en cuenta todos los factores y la información actualizada, y siempre por libre– es un placer que le recomendamos a cualquiera, porque Indonesia, incluso lo poco que hemos visto, tiene algo preparado para cada uno.

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